Los antidepresivos son malos para las embarazadas.

La depresión en el embarazo es una cuestión importante. No debería hacerse caso omiso de ella, las mujeres embarazadas deprimidas necesitan una buena asistencia y un buen tratamiento. Parte de esa buena atención consiste en suministrarles una información completa y veraz. Suelo atender a mujeres embarazadas que toman antidepresivos diariamente y que con demasiada frecuencia me dicen que la única indicación médica que sobre la medicación se les dio fue, «mi médico me dijo que era seguro en el embarazo.» Hay situaciones en las que el uso de antidepresivos puede considerarse más seguro que sus alternativas (por ejemplo, en pacientes que al dejar el fármaco manifiesten conductas suicidas, o en quienes consuman tabaco, alcohol o drogas ilegales). Pero aún en esas circunstancias esto no quiere decir que estos productos químicos (antidepresivos) sean en si mismos seguros –tan solo que pueden suponer menos riesgo que las alternativas.
Sencillamente, los antidepresivos no pueden considerarse «seguros» en el embarazo y los cinco motivos que se exponen a continuación explican el por qué:
  1. La serotonina es un neurotransmisor y una molécula de señalización celular que resulta crucial en el desarrollo humano.
  2. Los antidepresivos ISRS son sustancias químicas sintéticas que alteran el sistema de la serotonina.
  3. Los antidepresivos ISRS atraviesan libremente la barrera placentaria y llegan al feto.
  4. Los estudios con animales muestran que hacen daño.
  5. Los estudios con humanos muestran que hacen daño.
Como antidepresivos me refiero sobre todo a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) –fármacos como Prozac (fluoxetina), Zoloft (sertralina), Celexa (citalopram), y Lexapro (escitalopram)– que son los antidepresivos más utilizados en el embarazo. Sin embargo, buena parte de lo que se expondrá a continuación también se aplica al resto de antidepresivos.
En este escrito se revisarán las pruebas científicas existentes en ese campo y se discutirán los contraargumentos.

No se trata de ciencia complicada
Si nos fijamos en los cinco puntos señalados más arriba resulta fácil darse cuenta de que no hace falta ser un sabio para entender por qué estos medicamentos no son seguros en el embarazo. Nadie puede discutir el punto 1. La serotonina es una molécula crucial para el desarrollo fetal, y que el sistema serotoninérgico funcione normalmente es esencial para el desarrollo humano adecuado. La serotonina juega un papel en la formación del cerebro, el corazón, los pulmones, el sistema digestivo, las plaquetas y otros órganos, y se le están encontrando sin cesar nuevas e importantes funciones. Nadie puede negar que la serotonina no sea crucial en el desarrollo fetal humano. El punto 2 también es un hecho científicamente comprobado. Los antidepresivos ISRS no son sustancias que están presentes en el organismo de forma natural. Son compuestos químicos sintéticos producidos en laboratorio que alteran el sistema de la serotonina. Los científicos no conocen aun en su totalidad de qué manera afectan los ISRS al cuerpo humano, pero lo que resulta claro es que alteran el sistema de la serotonina. El punto 3 también es un hecho científico comprobado. Los ISRS atraviesan la barrera placentaria y llegan hasta el feto. Solo con tener en cuenta los puntos 1, 2 y 3, se puede concluir fácilmente que es muy probable que los antidepresivos ISRS puedan causar algún tipo de daño orgánico en el desarrollo fetal. Y esto es precisamente lo que se observa en los estudios con animales (punto 4) y en los estudios con humanos (punto 5). Los estudios en animales muestran un aumento en la incidencia de problemas cardíacosmalformaciones craneofacialesmuertealteraciones cerebrales, y cambios neuroconductuales a largo plazo, en las crías expuestas al fármaco. Los estudios en humanos muestran que el uso de ISRS en el embarazo se asocia con aborto espontáneo,  malformaciones congénitasparto prematuropreeclampsiadisminución del tamaño de la cabeza del fetosíndrome de adaptación o de abstinencia neonatalconvulsionesmodificaciones del ECG en el recién nacidomalformaciones del cerebro en la infancia, y problemas neuroconductuales a largo plazo como el TDAH y el autismo. ¿Qué creemos que sucederá si mandamos estas sustancias químicas al feto en desarrollo durante el embarazo?

Entonces ¿quiénes son los que aseguran que los antidepresivos son seguros durante el embarazo?
  • Reconociendo los trucos y las trampas de los líderes de opinión
Existen numerosos «expertos» en clínicas y gabinetes médicos que insisten en la seguridad de estos fármacos en el embarazo, y así lo están repitiendo en las últimas dos décadas. Hay personas que no saben que muchas de las más conocidas clínicas de psiquiatría y embarazo (las llamadas Unidades de Psiquiatría Perinatal) y muchos de los «expertos» han recibido y siguen recibiendo financiación de los propios fabricantes de antidepresivos. Las compañías farmacéuticas han estado pagando a estos expertos (conocidos en el mundo del marketing como líderes de opinión, Key Opinion Leaders, KOL) y que proporcionan financiación a centros cuyo mensaje es el de restar importancia a las preocupaciones sobre la seguridad de estos fármacos. Es algo que ya se ha repasado en detalle una y otra vez.
Muchos de estos expertos parecen seguir las líneas de un mismo guion que puede resumirse como sigue:
  1. Evitar hablar sobre aspectos de ciencia básica y estudios en animales: ¿Por qué casi nunca se oye hablar a los líderes de opinión sobre los datos de investigación básica acerca de la importancia de la serotonina en el desarrollo humano, o cómo afectan los ISRS a la serotonina, o sobre lo preocupante de los resultados en modelos animales? Casi nunca comentan nada sobre los primeros cuatro puntos citados antes. La razón por la que nunca los abordan es que cualquier debate en este sentido es una mala noticia para su argumentación de que los medicamentos son seguros en el embarazo. Lo último que desean estos expertos es que el público se fije en lo importante que es la serotonina en el desarrollo fetal, en cómo los medicamentos alteran este sistema y en lo inquietantes que son los resultados de la investigación con animales.
  2. Recalcar lo perjudicial que es la depresión en el embarazo y lo eficaces que son los antidepresivos a la hora de tratar la depresión: Una y otra vez se oye hablar a estos expertos de (a) las consecuencias negativas de la depresión en el embarazo y (b) lo seguros y eficaces que son los medicamentos en el tratamiento de la depresión. Pero pensemos en que si (a) y (b) son ciertos, entonces ¿no debería mostrar la investigación mejores resultados en las mujeres embarazadas que toman estos medicamentos? Sin embargo, esto nunca sucede. En más de veinticinco años de estudios nunca se han visto mejores resultados obstétricos en el grupo de mujeres que usan estos fármacos. El grupo tratado con ISRS obtiene sistemáticamente peores resultados en el embarazo (es decir, más abortos espontáneos, malformaciones congénitas, partos prematuros, problemas neonatales y autismo).
  3. Sembrar la duda en la opinión pública. Es probablemente el truco más antiguo del manual de los líderes de opinión, algo que se remonta como mínimo a la defensa del tabaco y tal vez sea incluso anterior. Lo que hacen los expertos es poner en duda el conocimiento científico haciendo hincapié en la incertidumbre propia de la ciencia. Cualquier persona familiarizada con la ciencia sabe que sus resultados rara vez son seguros al cien por cien –especialmente en los complicados estudios con poblaciones humanas. Casi siempre existe cierto grado de incertidumbre científica sea cual fuere el tema. Los líderes de opinión sacan provecho de esto. En el ámbito de los antidepresivos y el embarazo se les oye insistir en que nunca se ha hecho un ensayo controlado y aleatorizado y que, por lo tanto, es imposible estar seguros de que el daño observado se deba a los antidepresivos o a la depresión subyacente. Es un razonamiento que ignora el hecho de que cuando se detectan daños en humanos (por ejemplo, la hipertensión pulmonar persistente del recién nacido) se repiten exactamente los mismos resultados de los estudios en animales (por ejemplo, los estudios en ratas muestran que el Prozac produce hipertensión pulmonar fetal) por lo que se trata muy probablemente de un efecto del medicamento. Además, no siempre se necesitan ensayos controlados aleatorizados para constatar el daño (por ejemplo, el tabaco). La ciencia no es perfecta en este campo (y casi nunca lo es en ninguno), pero hoy existen pruebas más que suficientes para concluir que estos fármacos no resultan «seguros» en el embarazo.
  4. Defender que puede que exista un daño pero que es ínfimo: hoy en día cuando surgen sin cesar más y más pruebas de que los antidepresivos se relacionan con daños en el embarazo hay líderes de opinión que defienden que los daños que se observan puede que sean estadísticamente significativos pero que no lo son clínicamente. Es una  argumentación que parece tener ciertos visos de realidad. Por ejemplo, pongamos que se hace un gran estudio con millones de personas que muestre que sonreír continuamente aumenta en algo la esperanza de vida –por ejemplo ¡en 3 minutos! En este caso alargar la vida 3 minutos puede resultar estadísticamente significativo (sobre todo si se trata de un estudio con millones de personas), pero seguramente no es clínicamente significativo. Es decir, es un argumento que puede tener sentido en ciertos casos. Pero NO es aplicable en el ámbito de los antidepresivos y las complicaciones del embarazo. Por ejemplo, al usar antidepresivos en el embarazo se observan aumentos estadísticamente significativos en áreas como el aborto espontáneo, malformaciones congénitas y autismo. Se trata de temas que por definición SÍ SON clínicamente significativos. Si usted toma un ISRS, y sufre un aborto espontáneo y pierde el bebé, o tiene un niño con un defecto en el corazón, o con autismo, esto es clínicamente muy significativo. La argumentación de que las complicaciones que observamos al usar antidepresivos en el embarazo son estadísticamente significativas pero que no lo son clínicamente es completamente absurda. La segunda línea argumental que los líderes de opinión intentan introducir en este debate es que los riesgos absolutos son bajos, pero esto no es así. Hay estudios que registran riesgos muy altos. El reciente estudio de Knickmeyer et al. muestra que el 18% de los bebés expuestos a los ISRS en el útero tendrán malformaciones cerebrales. Toh et al. mostraron que el 26,1% de las mujeres que tomaban ISRS desarrollará hipertensión. Levinson-Castiel et al. que el síndrome de abstinencia del recién nacido se da en el 30% de los recién nacidos expuestos al medicamento. No es un riesgo bajo.
  5. Acusar de alarmista a quien trata de informar al público. En septiembre 2014 se publicó en el New York Times un artículo de Roni Caryn Rabin sobre este tema. Ella, su editor, y el New York Times no merecen más que felicitaciones por informar al público sobre esta cuestión. Muchos de los que atendemos a mujeres embarazadas y observamos la tendencia al uso creciente de los antidepresivos en el embarazo estamos muy preocupados. Las mejores pruebas científicas disponibles –tras más de veinticinco años de investigación- muestran daños reales cuando se usan estos fármacos en el embarazo. Y la información sobre problemas a largo plazo en los niños (por ejemplo, autismo, retraso en el desarrollo) es realmente inquietante. Se necesitan más periodistas y líderes de la medicina académica que llamen la atención sobre esta cuestión. Sin embargo, a quienes hablan o escriben sobre este tema se les suele acusar de alarmistas, de insensibles, o de desear que las mujeres embarazadas se quiten la vida. Este tipo de ataque es absurdo. Si lo que se trata es de “hacer callar a gritos” a cualquier periodista que se atreva a intentar informar sobre este tema crucial, entonces acabaremos teniendo una opinión pública muy mal informada acerca de lo que significa exponerse a productos químicos potencialmente tóxicos durante el embarazo.
  6. Comparar los antidepresivos y la depresión con la insulina y la diabetes: Los líderes de opinión utilizan constantemente esta comparación aunque es algo que no se sostiene (es decir, no es científicamente correcto). Cuando se trata a mujeres embarazadas diabéticas con insulina, mejoran sus niveles de azúcar en sangre y los resultados del embarazo. Numerosos estudios lo demuestran. El grupo tratado con insulina tiene un menor número de abortos espontáneos, menos bebés con defectos de nacimiento, menos hipertensión, y mejores resultados en el embarazo. Pero cuando se realizan estudios similares en la depresión, es en el grupo que usa antidepresivos donde se dan de modo constante las tasas más altas de complicaciones. El motivo es que la insulina es una proteína natural de la que los diabéticos son deficitarios. Administrar insulina a una diabética embarazada restaura sus niveles normales de azúcar en la sangre y permite que el feto se desarrolle normalmente (la insulina es una proteína grande que no atraviesa la barrera placentaria). En la depresión, no existe un “déficit de ISRS» que la fluoxetina o la sertralina puedan restaurar –esto es ridículo. Y, ahora sabemos que tampoco parece haber ningún déficit de serotonina. Esta es una hipótesis que o bien está desestimada o pertenece al «pensamiento del siglo pasado», según las fuentes. Usar antidepresivos en mujeres embarazadas deprimidas no tiene nada que ver con usar insulina en mujeres con diabetes.
  7. Tachar a médicos, científicos y periodistas interesados en el tema de acosadores que pretenden dictar a las mujeres embarazadas lo que tienen que hacer: Este es un golpe bajo muy rastrero, sobre todo porque procede de líderes de opinión que han recibido durante años importantes sumas de dinero de quienes fabrican los fármacos. Nadie tendría que decir a las mujeres embarazadas lo que tienen que hacer en este asunto. La clave es facilitar a las mujeres embarazadas, y al público en general, una información completa que les permita tomar las mejores decisiones por sí mismas, y apoyarlas una vez que se hayan decidido.
  8. Presentar la versión más favorable posible de los resultados de la investigación: esta parte del manual de estrategias de los líderes de opinión se podría llamar “confundir creativamente”. Un excelente ejemplo procede de un artículo de opinión reciente cuya autora escribe que: «Solo hay unos pocos estudios que evalúen los resultados a largo plazo en niños cuyas madres tomaron antidepresivos en el embarazo. Aunque los resultados fueron favorables, la investigación es bastante escasa.” Esto no es cierto. En muchos de los estudios los resultados NO fueron favorables. Existen más que unos pocos estudios que evalúan los resultados a más largo plazo y, en muchos de ellos, se ve que los niños expuestos a los antidepresivos en el útero materno padecen problemas importantes: aumento de la incidencia de autismoretraso en el desarrollo,  TDAHproblemas motores, y anormalidades estructurales del cerebro. Describir este corpus de investigación como unos pocos estudios con resultados favorables es algo más que presentar una versión favorable. Es simple y llanamente falsear la realidad.

Conclusión
La cuestión de la seguridad de los antidepresivos en el embarazo es hoy más importante que nunca, porque son cada vez más y más las mujeres en edad fértil que toman estos medicamentos, y la tasa de exposición en el embarazo aumenta en todo el mundo. El tema en realidad no es tan complicado. Es de sentido común, porque la serotonina juega un papel crucial en el desarrollo del feto. Los antidepresivos atraviesan la barrera placentaria, llegan al feto en desarrollo, y alteran químicamente el sistema de la serotonina. No nos debería sorprender que la investigación muestre que hacen daño en animales y humanos (que es lo mismo que observamos en la clínica con pacientes reales).
Existiendo pruebas fehacientes de que muchos pacientes con depresión pueden conseguir el mismo beneficio (o mayor) con abordajes no farmacológicos como la psicoterapia y el ejercicio, es evidente que habría que hacer especial énfasis en estos procedimientos en el tratamiento de mujeres embarazadas y en edad fértil. Nadie debería decir a las mujeres embarazadas lo que tienen que hacer, pero el tema clave es facilitar a las pacientes y a la opinión pública una información completa para que puedan tomar las mejores decisiones por sí mismas. Más tarde habrá que apoyarlas en la decisión que hayan tomado y prestarles la mejor asistencia posible.
Depression during pregnancy is an important issue.  Depression should not be ignored and depressed pregnant women deserve good treatment and care.  Part of that good care, though, is providing them with full and correct information.  I care for pregnant women taking antidepressants on a daily basis and too often they tell me that the only counseling they received about the medication was, “my doctor told me it’s safe in pregnancy.”  In certain scenarios antidepressant use could be considered to be safer than the alternatives (for example, a patient who is suicidal when she stops her medications or one who would use cigarettes, alcohol, or illegal drugs).  But these scenarios don’t mean that the chemicals (antidepressants) themselves are safe — only that they may be less risky than the alternatives.
Antidepressants simply cannot be considered to be “safe” in pregnancy and the five point argument below explains why this is the case:
  1. Serotonin is a neurotransmitter and cell-signaling molecule that is crucial for human development.
  2. The SSRI antidepressants are synthetic chemicals that disrupt the serotonin system.
  3. The SSRI antidepressants freely cross the placenta and enter the fetus.
  4. Animal studies show harm.
  5. Human studies show harm.
By antidepressants, I am referring here mostly to the selective serotonin reuptake inhibitors (SSRIs) – drugs like Prozac, Zoloft, Celexa, and Lexapro – which are the most commonly used antidepressants during pregnancy.  However, much of the argument below would also apply to other antidepressants as well.
This post will review the evidence in this area and address the counterarguments.
This Isn’t Rocket Science
If you look at the 5 point argument above, it’s easy to see why the fact that these drugs aren’t safe in pregnancy is not rocket science.  No one can argue with Point #1 above.  Serotonin is a critical molecule for fetal development and normal function of the serotonin system is essential for proper human development.  Serotonin plays a role in the formation of the brain, heart, lungs, gut, blood platelets, and other organ systems and we are discovering new and important functions for serotonin all the time.  No one can argue (with a straight face) that serotonin is not crucial for human fetal development.  Point 2 is also an established scientific fact.  SSRI antidepressants are not naturally occurring substances.  They are synthetic chemical compounds made in chemical factories and they disrupt the serotonin system.  Scientists still aren’t exactly sure about all of the ways in which the SSRIs affect the human body, but it is clear that they do alter the serotonin system.  Point 3 is also an established scientific fact.  The SSRIs cross the placenta and enter into the fetus.  Just putting Points 1, 2, and 3 together, one should easily conclude that the SSRI antidepressants are likely to cause some type of harm in fetal development.  And this is precisely what we see in animal studies (Point 4) and human studies (Point 5).  The animal studies show increased rates of heart problemscraniofacial abnormalitiesdeathbrain abnormalitiesand long-term neurobehavioral changes in the exposed offspring.  Human studies show that SSRI use during pregnancy is associated with miscarriagebirth defectspreterm birthpreeclampsiadecreased fetal head sizenewborn behavioral syndromeseizuresneonatal EKG changeschildhood brain malformations, and long-term neurobehavioral issues like ADHD and autism.  What do we think will happen when we send these chemicals into the developing baby throughout the pregnancy?

So Who Says Antidepressants are Safe in Pregnancy? 
— Recognizing the tricks and traps of the Key Opinion Leaders
There are many “experts” from various centers out there emphasizing the safety of these drugs in pregnancy and they have been doing so over the past two decades.  Much of the public does not realize that many of the leading centers of psychiatry and pregnancy (the so-called Perinatal Psychiatry units) and many of the “experts” have been (and are being) funded by the antidepressant makers themselves.  The drug companies have been paying these experts (the so-called Key Opinion Leaders—or KOLs for short) and funding these units, and the message that gets delivered tends to downplay any safety concerns.  This has been reviewed in detail herehere, and here.
Many of these experts seem to be following the same basic playbook that can be summarized as follows:
  1. Avoid discussing the basic science and animal studies:  Why do we almost never hear the Key Opinion Leaders talking about the basic science data on the importance of serotonin in human development? Or how the SSRIs affect the serotonin system? Or the concerning findings from the animal studies?  They virtually never comment on any of the first four points above.  The reason they never go into this is that any discussion in this direction is bad news for their argument that the drugs are safe in pregnancy.  The last thing these experts want is the public focusing on is how important serotonin is for fetal development and how the drugs disrupt that system and the concerning findings from the animal research.
  2. Emphasize how harmful depression is for pregnancy and how effective the antidepressants are at treating depression:  Again and again, we hear from these experts (a) how depression leads to bad pregnancy outcomes and (b) how safe and effective the drugs are at treating depression.  But, think about it: if (a) and (b) are correct then shouldn’t the research be showing improved pregnancy outcomes for the women on these drugs?  Yet, this is never the case.  In more than twenty-five years of study, we never see improved obstetrical outcomes in the group of women on these drugs.  The SSRI-treated group consistently has worsened pregnancy outcomes (that is, more miscarriage, birth defects, preterm birth, newborn problems, and autism).
  3. Sow doubt in the public’s mind:  This may be the oldest trick in the Key Opinion Leader playbook — dating back at least to the defense of cigarettes (and likely before then.)  What the experts do here is to cast doubt on the available science and emphasize scientific uncertainty.  Anyone involved in science knows that results are rarely completely certain — especially with complex studies in human populations.  There is almost always some degree of scientific uncertainty whatever the issue.  The KOLs capitalize on this.  In the area of antidepressants and pregnancy one frequently hears the experts note that no randomized controlled trial has ever been done so we can’t really be sure if the harm we are seeing is due to the antidepressants or the underlying depression.  This argument ignores the fact that when the human findings of harm (for example, persistent pulmonary hypertension of the newborn) exactly echo the animal studies (for example, rat studies showing that Prozac causes fetal pulmonary hypertension) then it is likely to be a drug effect.  Also, randomized controlled trials aren’t always needed to determine harm (eg cigarettes).  The science in this area is not perfect (and it almost never is in any area.)  But there is now more than enough evidence of harm to conclude that these drugs are not “safe” in pregnancy.
  4. Argue that there may be harm but it is minor:  Now that more and more evidence is emerging that antidepressants are linked to pregnancy harms, some KOLs have started to argue that the harms that we are seeing may be statistically significant but they aren’t clinically significant.  This argument seems to make some sense at face value.  For example, let’s say that you do a huge study with millions of people that shows that smiling all the time will increase your life expectancy — by 3 minutes!  In this case, the 3 minutes of longer life may be statistically significant (especially with a study of millions of people) but it’s probably not clinically significant.  So this argument can make sense in some arenas.  But in the area of antidepressants and pregnancy complications, it does NOT apply.  For example, with antidepressant use in pregnancy we see statistically significant increases in things like miscarriage, birth defects, and autism.  By definition these things ARE clinically significant.  If you are on an SSRI and have a miscarriage and lose that pregnancy, or have a baby with a heart defect, or a child with autism — that IS very clinically significant.  The argument that the complications we see with antidepressant use in pregnancy are statistically significant but not clinically significant is utterly absurd.  The second argument that the KOLs try to make in this area is that the absolute risks are low, but this is simply not the case.  Some of the studies are showing very high risks.  The recent study by Knickmeyer, et al showed that 18% of babies who are exposed to SSRIs in utero will have brain malformation.  Toh, et al showed that 26.1% of women taking SSRIs will develop hypertension.  Levinson-Castiel, et al demonstrated newborn behavioral syndrome in 30% of exposed newborns.  These are not low risks.
  5. Accuse anyone trying to inform the public in this area of fearmongering:  In September 2014 an article by Roni Caryn Rabin appeared in the New York Times on this topic.  She, her editor, and the Times deserve congratulations for informing the public on this issue.  Many of us who care for pregnant women and many of us who see the trend of increased use of antidepressants during pregnancy are very concerned about this.  The best available scientific evidence — in over 25 years of study — is showing real harms with the use of these drugs in pregnancy.  And the information on long-term problems in the children (eg autism, developmental delay) is truly frightening.  We need more journalists and leaders in academic medicine bringing attention to this issue.  Yet, those who speak out on this issue (or write about it) are often accused of fearmongering, being callous, or wanting pregnant women to kill themselves.  These sorts of attacks are absurd.  If we are going to “shout down” any journalist who dares to try to inform the public on this crucial issue, then we are going to end up with a very poorly informed public and potentially toxic chemical exposures in pregnancy.
  6. Compare antidepressants and depression to insulin and diabetes:  This comparison is brought up all of the time by the KOLs and it just doesn’t hold water (i.e. it’s not scientifically accurate).  When diabetic pregnant women get treated with insulin, they have improved blood sugars and better pregnancy outcomes.  This has been demonstrated in numerous studies.  The insulin-treated group has fewer miscarriages, fewer babies with birth defects, less hypertension, and better pregnancy outcomes.  But when similar studies are done with depression, it’s the group on the antidepressants that consistently has the higher rates of complications.  This is most likely because insulin is a natural protein that diabetics are deficient in.  Giving insulin to a pregnant diabetic restores normal blood sugar levels and allows the fetus to develop normally (and the large insulin protein does not cross the placenta.)  With depression, there is no “SSRI deficiency” that Prozac or Zoloft treats — that’s ridiculous.  And, we now know, that there also appears to be no serotonin deficiency.  That hypothesis is either dead or last century thinking depending on the source.  Using antidepressants for depressed pregnant women is not like using insulin in diabetics.
  7. Portray concerned physicians, scientists, and journalists as bullies trying to tell pregnant women what to do:  This is a particularly low-blow, especially when coming from KOLs who have been paid large sums of money over the years by the drug makers.  No one should be telling pregnant women what to do in this area.  The key issue is providing pregnant women and the public with full information, allowing them to make the best decisions for themselves, and supporting them in those decisions.
  8. Spin the research findings:  Some might call this part of the KOL playbook “creative obfuscation.”  A very good example of this comes from a recent op-ed piece in which the author wrote:  “There are only a few studies that assess long-term outcomes among children whose mothers took antidepressants in pregnancy. Although the results were favorable, the research is rather lean.”  This simply isn’t true.  In many of the studies the results were NOT favorable.  There are more than a few studies that have looked at longer-term outcomes and, in many, the children exposed to the antidepressants in utero are having significant problems: increased rates of autismdevelopmental delayADHDmotor problems, and structural brain abnormalities.  To describe this body of research as a few studies with favorable outcomes goes beyond “spin.”  This is just plain inaccurate.
Conclusion
The issue of the safety of antidepressants in pregnancy has never been more important as more and more women of childbearing age take these medications and exposure rates during pregnancy increase worldwide.  The topic really is not that complicated.  It’s just common sense that serotonin plays a crucial role in fetal development.  The antidepressants cross the placenta, into the developing fetus, and chemically alter that serotonin system.  So it shouldn’t surprise us that animal and human research is showing harm (and this is what we see clinically with actual patients as well.)
With good evidence that many patients will get as much benefit (or more) from non-drug approaches to depression such as psychotherapy and exercise, it is clear that these modalities should be emphasized in the treatment of pregnant women and women of childbearing age.  No one should be telling pregnant women what to do, but the key issue is providing patients and the public with full information so that they can make the best decisions for themselves.  They should be then be supported in their decisions and given the best care possible.

Adam Urato, MD
Dr. Adam Urato is the Chief of Maternal-Fetal Medicine at MetroWest Medical Center in Framingham, Massachusetts. He writes and lectures on medication exposures in pregnancy.

Un comentario el 18 de Enero del 2021.

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