Sobre el DSM Javier Alvarez.

Junto con la llamada "psiquiatría neurotransmisora", el otro gran problema de la psiquiatría del siglo XXI es lo que bien se puede calificar de verdadera “epidemia psiquiátrica”, la cual viene determinada por los inadecuados manuales diagnósticos imperantes.
Ya en el año 2005 Ronald Kessler afirmaba que “la mitad de los americanos reúnen los criterios del DSM-IV para ser diagnosticados de un trastorno psiquiátrico”. Desde entonces las alarmas se han disparado en los despachos de los más altos responsables de la gestión de la psiquiatría y de la salud mental de prácticamente todos los países de Occidente.
Y no es para menos, porque lo que Kessler anunciaba en 2005 para Estados Unidos, es hoy una realidad en prácticamente todos los países desarrollados: casi la mitad de sus ciudadanos son objeto de un diagnóstico psiquiátrico, y la cuarta parte de ellos tienen dos diagnósticos psiquiátricos.
Este dato es tan alarmante como increíble. Y sus consecuencias devastadoras: si a los gastos sanitarios necesarios para atender a toda esa población psiquiatrizada, añadimos los derivados de las prestaciones sociales que hay que dar a esas personas a las que, por su trastorno psiquiátrico, hemos calificado de minusválidas, las cifras son de tal envergadura que no hay economía que pueda afrontarlas.
¿Cómo es posible que hayamos llegado a tal situación? ¿Cómo ha sido posible tal despropósito? La conclusión es unánime: los actuales sistemas de diagnóstico están fallando estrepitosamente. El más conocido de todos ellos, y el más empleado con mucha diferencia, es el "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales" de la American Psychiatric Association, más conocido por DSM (su acrónimo en inglés): se calcula que el 80-90% de los diagnósticos se hacen siguiendo los criterios de este manual.
El DSM, además de la ya citada psiquiatría neurotransmisora, constituyen desde hace cuarenta años la base fundamental de la formación que reciben los médicos residentes que se están formando para ser psiquiatras. Es la biblia de la psiquiatría de todas esas nuevas generaciones de psiquiatras. Y si lo sabes manejar bien, eres buen psiquiatra. Pero si no lo usas, eres un mal psiquiatra.
Y no hablo de oídas o de algo que desconozco: durante muchos años he tenido que sufrir comentarios descalificativos y miradas de desprecio de mis compañeros que me consideraban un mal psiquiatra, un psiquiatra anticuado y poco científico, porque me negaba a usar ese manual diagnóstico.
Afortunadamente para la psiquiatría, el tiempo ha venido a darme la razón: en el año 2013 se publicó el DSM-5. Pues bien, nada menos que Thomas Insel —quien durante trece años fue Director del National Institute of Mental Health (NIMH), es decir, el máximo responsable de la planificación de la psiquiatría de Estados Unidos— emitió el siguiente juicio sobre esta quinta edición del DSM:
"Nuestros pacientes se merecían algo mejor. EL NIMH retira todo apoyo económico a investigaciones basadas en diagnósticos DSM. Su debilidad radica en su falta de validez."
Y es que con las sucesivas ediciones DSM el número de trastornos psiquiátrico ha crecido brutalmente, pasando de 105 en el DSM-1 a más de 350 en el DSM-5. La consecuencia ha sido una psiquiatrización tal de la vida cotidiana que casi todo puede ser un trastorno psiquiátrico.
Por ejemplo, si comes poco, trastorno de anorexia nerviosa; si comes mucho, trastorno de bulimia nerviosa; si te levantas por la noche cabreado porque no consigues conciliar el sueño y te engulles siete croquetas de golpe, trastorno por atracón.
Si guardas o acumulas muchas cosas en tu casa, las cuales a juicio de tus familiares, son inútiles y molestas, trastorno de acumulación. O sea, en vez de poder decirles tú a ellos “si no estáis a gusto en mi casa, ahí tenéis la puerta”, ahora son ellos los que pueden meterte en una residencia y quedarse con tu vivienda so pretexto de que “padeces un trastorno de acumulación”.
Si eres muy activo sexualmente, trastorno de hipersexualidad; si te atrae poco el sexo, trastorno de deseo sexual hipoactivo... ¡y así sucesivamente!
Y lo que es peor, esta misma psiquiatrización se ha producido en la infancia: cualquier particularidad, cualquier variante cognitiva, emocional o de comportamiento que se salga de la media, es inmediatamente etiquetada de trastorno psiquiátrico.
En Estados Unidos ha ya más de seis millones de niños diagnosticados de TDAH y tomando anfetaminas simplemente porque son más inquietos o porque tienen más tendencia a fantasear que la media de sus compañeros. Las propias autoridades sanitarias de ese país están alarmadas ante estas cifras y advierten del grave abuso que se está haciendo de este diagnóstico.
Aún más terrible si cabe: si tu hijo no tiene problema para acercarse a personas desconocidas e interactuar espontáneamente con ellas, es que tiene un trastorno de conducta social desinhibida. Al niño de hoy hay que enseñarle y dejarle bien claro desde pequeñito que los desconocidos son personas extrañas y peligrosas a las que hay que temer y a las que no debe acercarse. De no hacerlo así corre el peligro de que se le diagnostique un trastorno de conducta social desinhibida. Terrible, ¡el prójimo convertido en enemigo!
Aunque los males que está generando son impresionantes, no pretendo que el lector saque la impresión de que la psiquiatría es una especialidad en sí misma negativa y perjudicial. Afortunadamente hay muchos profesionales todavía que se resisten a aceptar este modelo de psiquiatría neurotransmisora y que se esfuerzan en enfocar el problema de sus pacientes desde una perspectiva más humana y más global. Profesionales que usan los psicofármacos sólo en el momento preciso y a la dosis precisa. Profesionales que consideran muy importante y necesario dedicar tiempo suficiente a escuchar las dificultades de sus pacientes, ya sean conflictos emocionales propios o derivados de las relaciones con su familia, ya problemas económicos o laborales o sociales en general. Profesionales para los que la empatía, es decir, ponerse en el pellejo de su paciente y tratar de compartir sus sentimientos, es una herramienta terapéutica mucha más importan te que cualquier fármaco.
Afortunadamente existen razones para mantener la esperanza en la psiquiatría y para confiar en que, pese a esta psiquiatría del cuerpo actualmente predominante, podremos recuperar la psiquiatría del espíritu. Recuerde el lector que la palabra psiquiatría viene del término griego psijé, que significa soplo, hálito, espíritu..

Un comentario el 18 de Enero del 2021.

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